La Caída de Aethibryn

Acercaos mis niños; hoy os contaré una historia, como ninguna otra, de un noble caballero, fiero y valiente como un león, que fue expulsado de sus tierras, condenado a vagar eternamente por el desierto, hasta cumplir su cometido. Su nombre era Aethibryn Atani y esta es su historia.

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ACTO 1. Expulsión 

Las puertas de la inmensa ciudad de Aslaron nunca se habían visto tan grandes para este hombre como en aquel día, donde por designios inescrutables de su señor... él, vencedor en la batalla de los campos grises; él, vencedor del asedio a la gran torre del hechicero; él, sobreviviente y luego justiciero del manto gris... había de ser expulsado de su ciudad.

Las palabras de su rey retumbaban en su mente, cual eco infinito proferido en las lúgubres cavernas, donde bestias que ni el hombre más aventurero ha conocido. " de hoy en adelante tu... Aethibryn el valiente, hijo de Rondalt apodado el poderoso, de la casa de los Atani... quedas expulsado de estas tierras, so pena de muerte, y si es que algún día quieres volver tendrás que demostrar tu valentía, tráeme el corazón de la Sierpe de Helias y podrás volver.

La Sierpe de Helias era un animal mítico, muchos han intentado matarla pues dicen que quien la logre vencer, tendrá en sus manos un poder más allá de este mundo. El problema es que Helias es un semidiós y la Sierpe es su mascota, como dios, Helias posee clarividencia y sus ojos pueden quemar el alma de los guerreros y ni hablar de la Sierpe, veneno en sus colmillos... la muerte más segura.

Aethibryn hijo de Rondalt el poderoso, debía probar que era digno de ser el capitán del manto gris, un ejercito capaz de arrasar hasta los confines de la tierra. Como guerrero, él era inigualable, a la temprana edad de 12 años participó en su primera batalla, unos invasores del norte habían logrado penetrar el flanco izquierdo de un pequeño campamento. Con una espada mellada, un escudo a medio templar y sin armadura, el joven Aethibryn se lanzó a la lucha, matando "según cuentan algunos" a más de 50 invasores.

Su padre Rondalt el poderoso, era la figura más imponente de todo el reino, después del rey por supuesto. Descendiente de una larga línea de caballeros, todos leales sus reyes, Rondalt era el capitán de la guardia imperial, un alto honor que se conseguía con gran esfuerzo y Aethibryn quería ser como su padre y sus hermanos, todos ellos guerreros, todos ellos nacidos para matar, para librar batallas y para defender a su rey, contra quien fuera... incluso contra su propia familia.

¿qué sino trágico ha caído sobre este joven para que su rey lo expulsara de estas tierras que lo vieron crecer?
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ACTO 2. Recuerdos

Mientras cabalgaba por la llanura de Osland, Aethibryn recordaba su infancia. Nacido en el seno de una familia de guerreros, la dinastía de los Atani era tan antigua como la misma Gea (Tierra en lengua Sendar) Poderosos señores, invencibles en batalla, temidos por su enemigos y respetados por sus aliados, templados en el acero de la guerra, desde jóvenes se les enseñaba a matar, nacían para eso, vivían para la lucha, para un Atani morir en la batalla era glorioso y esta gloria aumentaba si moría por su señor.

Grundolf Atani, fue el primero de ellos. Su vida comenzó al asesinar a 20 bandidos con sus manos. El motivo: defendía a una niña que había sido secuestrada, de no ser por él, quien sabe que horrores hubiera experimentado esta joven. De ahí en adelante, cada Atani mostraba su valía, con hazañas que solo los dioses eran capaces de cumplir.

Rondalt Atani, el padre de Aethibryn era conocido como el poderoso, pues ninguna espada le era rival, había conquistado toda la comarca este, expulsando a los invasores hacia las tierras del norte, una batalla que hasta el sol de hoy se cuenta: Roldant, con 500 caballeros del manto gris, se enfrentaba a la legión de Trall, con más de 20.000 soldados, eran superados en número, pero aún así, ningún Atani había huido alguna vez de una batalla. Sus soldados estaba temerosos, muchos de ellos se habían encomendado a los dioses, otros estaban pensando en huir, solo Roldant pensaba en la batalla. se deshizo de su escudo, por arrogancia o por gusto, argumentando que le pesaba y le molestaba, la excusa más irónica, pues Roldant era capaz de levantar eso y mucho más, luego se quitó su armadura, dejando al descubierto cicatrices de batallas pasadas, levantó su espada, respiró y contempló frente a si, el campo de batalla, será una muerte gloriosa se dijo. Miró a sus soldados, sus ojos eran rojos, como si el gran dragón Tharos estuviera dentro de ellos, con una altura de 2,10 metros, Rondalt parecía uno de los Titanes de la gran guerra, su voz, fuerte y sonora retumbaba en los corazones de los soldados, parecía como si les contagiara de un fuego arcano, pronto, toda duda se disipó, los soldados lanzaban gritos y arengas, eran 500 pero su voz unida los convertía en miles, millones, el ejército más grande sobre la tierra. Un momento de calma... un respiro...Roldant se lanza a la batalla, sus 500 caballeros van detras. La tierra tiembla a sus pies, Roldant agita su espada gritando VAE VICTIS... que es el lema de la familia Atani... ¡Ay de los vencidos!... las tropas de Trall parecen no reaccionar, están inmóviles por el grito de batalla, tienen tanto miedo que no pueden ni esconderse y es entonces cuando la espada de Roldant atraviesa sus filas... su gran espada, que cualquier hombre tendría que coger con dos manos y tener la suficiente fuerza para sostenerla y sostenerse, Roldant la blande con una sola mano. De un tajo penetra la carne y el hueso del enemigo, otro tajo y pierden sus miembros, la batalla no duró mucho, Trall tuvo que retroceder para evitar esta carnicería, Roldant Atani el poderoso habia matado ese día a más de 5.000 soldados sin recibir una herida.

Ningún Atani huye de una pelea... se repetía Aethibryn, mientras recordaba las hazañas de su padre. Mataré a la Sierpe y volveré se dijo Aethibryn Atani, hijo de Roldant apodado el poderoso... ningún Atani huye de una pelea.

continuará.

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ACTO.3 El paso de Arteas.

Los recuerdos le desgarraban el alma, había traicionado la sangre de los Atani, sus ancestros, en el gran salón de los héroes debían estar profiriendo maldiciones contra él. Pensó en quitarse la vida ¿qué tan difícil puede ser? pero era demasiado terco aún para hacerlo. Así que decidió continuar, ahora en su mente solo existía una cosa, la Sierpe de Helias.

Nubes negras...aviso de tormenta que se avecina, Aethibryn apuró el paso de su caballo, antes de ser cogido en la tormenta. Por fortuna alcanzó a divisar una cueva, cuando entró en ella la batalla de los cielos se desató. 
Poderosos rayos golpearon la tierra, dejando cicatrices en ella, el viento soplaba con gran fuerza que arrancaba los árboles de raíz. la tormenta continuó durante varias horas, Aethibryn cerró los ojos imaginando la batalla de la gran guerra y así cayó dormido, presa de un profundo cansancio.

Cuando despertó, el sol brillaba con fuerza, el cielo estaba despejado y un nuevo aire se podía respirar. grandes montañas se podían ver hacia el sur, el paso de Arteas estaba a unos cuantos kilómetros, la ruta más corta para llegar a la Sierpe, así que sin más demora, sin probar bocado, impulsado por la llama aventurera de los Atani, montó su caballo, cabalgando a gran velocidad por las llanuras. Cuando llegó a la falda de la cordillera, se dio cuenta que su caballo no podría pasar, el camino era estrecho y traicionero, así que decidió dejarlo en libertad; de ahora en adelante caminaría. Levantó su escudo, su espada, terció su arco de roble y alistó unas cuantas flechas, disparar no era su punto fuerte, pero sin duda ayudaría mucho para cazar. Y así Aethibryn emprendió camino escalando las cumbres de la cordillera, sin saber lo que le deparaba el camino, había oído que estas montañas eran el hogar de muchas bestias, criaturas y hombres del sur, bárbaros. No tardó mucho en descubrir lo que le esperaba, pues a las pocas horas de camino divisó una figura, calculaba que debía medir unos 10 pies, un Troll de las montañas, la tierra temblaba a su paso y Aethibryn, que nunca había enfrentado un enemigo así, sintió miedo. Pero el miedo en la sangre de los Atani tiene un efecto contrario al de las personas, no los paraliza, antes los acelera, los excita y sin pensarlo, Aethibryn se lanzó contra el Troll... VAE VICTIS gritó Aethibryn y asestó un golpe en la pantorrilla del Troll, un buen golpe pues así impedía que esta criatura lo pudiera perseguir. Con lo que no contaba nuestro héroe es con que detrás del Troll habían dos más, tres oponentes contra el hábil espadachín.

Una sombra cubrió los cielos, Aethibryn solamente pudo ver unas garras, llevándose a uno de los Troll's. El impulsivo joven, furioso por este acto, templó rápidamente su arco y disparó una flecha, pero el viento la desvió, Nadie me roba una batalla. Encontraré a esa bestia y le daré muerte pero ahora tenía que ocuparse de sus enemigos, sacó otra flecha y apuntó está vez a uno de los Troll, cuando estaba cerca y listo para golpear a Aethibryn, esté soltó la flecha, la cual dio en un ojo del Troll. El grito fue espeluznante, ahora toda la cordillera sabía que Aethibryn estaba allí, soltó su arco y recuperando su espada saltó y asestando un golpe en el pecho del Troll, lo dejó tendido en el suelo. Sintió como el mundo se movía... había recibido un golpe del Troll restante, rápidamente se incorporó y enfocó a su oponente, la sangre fluía por sus venas a una velocidad increíble, estaba excitado, furioso corrió hacia el Troll cortando una de sus extremidades, luego trepó por su espalda y clavó la espada en el cráneo de su oponente dando fin a esta batalla, lleno de sangre recogió su escudo, su arco y su premio, carne para la cena se dijo, ahora tenía algo que comer y la piel de los Troll le serviría para protegerse del frio, así fue como la travesía por el paso de Arteas había comenzado.

continuará.

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